Brilla el sol. 26 horas después. Brilla diferente. Huele a casa, a verano, a libertad, a mi gente. Huele a playa, a mar. Sabe a sal.
viernes, 29 de junio de 2012
martes, 1 de mayo de 2012
Como agua para chocolate.
En 1669 Brandt, un químico de Hamburgo buscando la piedra
filosofal descubrió el fósforo.
Mi abuela, Luz del Amanecer, era una india kikapoo iea, decía
que todos nacemos con una caja de cerillas en nuestro interior y que no los
podemos encender nosotros solos. Necesitamos, como en este experimento, oxígeno
y la ayuda de una vela. Sólo que en nuestro caso el oxígeno debe de provenir
por ejemplo del aliento de la persona amada, la luz de la vela puede ser
cualquier cosa: una melodía, una palabra, una caricia, un sonido, just
antything. Algo que dispare el detonador y encienda una de las cerillas.
Cada persona tiene entonces que descubrir cuáles son sus
detonadores para poder vivir ya que la combustión que se realiza al encenderse
uno de ellos, eso, es lo que nutre de energía al alma. Si no hay detonador para
los fósforos, entonces la caja de cerillas se humedece y ya nunca podremos
encender uno sólo de ellos.
Hay muchas maneras de poner a secar una caja de cerillas húmedas.
Puedes estar segura de que sí tiene remedio. Claro que también es muy
importante encender las cerillas una por una, ya que si por una intensa emoción
llegáramos a encender todos de un solo golpe se produce un resplandor tan
fuerte que aparece ante nuestros ojos un túnel ESPLENDOROSO que nos muestra el
camino que olvidamos al nacer y que a la vez nos llama a reencontrar nuestro
perdido origen divino.
lunes, 23 de abril de 2012
jueves, 19 de abril de 2012
De camino a la rutina.
Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde,
como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.
Jaime Gil de Biedma.
uno lo empieza a comprender más tarde,
como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.
Jaime Gil de Biedma.
domingo, 15 de abril de 2012
Hoy es un día perfecto para decir adiós.
En la vida de toda mujer llega un día inevitable. No sabes explicar qué ha originado el cambio ni qué es exactamente lo que ha cambiado, pero sabes que has sobrepasado el punto de no retorno. No entiende de edad ni de emplazamientos y probablemente no entienda de circunstancias adecuadas. Pero llega.
Y con él llega el momento a partir del cual el sol no brilla con la misma intensidad, la gente no recibe lo que les das porque sí, el mundo no te devuelve sonrisas sin que haya una razón oculta. Las personas ya no sólo hablan con palabras. Los amigos no son de los que se irán, las buenas lecciones las aprovechas, los momentos plenos son enriquecedores del alma, las conversaciones tienen más que un principio y un fin. Una sonrisa ya no se esboza por complacer, los rebatimientos cada vez son menos caprichosos. Aprendes a aceptar lo injusto y aún así sigues aplicando la coherencia a tus actos. Descubres que se puede controlar aquello que dependa de ti, y no intentas dirigir al resto.
Tus ojos han sido extraídos de sus órbitas y ahora utilizas unas lentes que muestran realidades, oscuras a la par que esclarecedoras.
Sin embargo, a pesar de lo negro que se ponga el asunto no te dejas vencer ni una sola vez más. Porque por contradictorio que suena, el mundo adquiere una belleza abismal. Y tú tienes más ganas de vivir que nunca.En la vida de toda mujer llega el día en que al mirarse al espejo sabe que puede comerse el mundo.
viernes, 14 de enero de 2011
Quizá
Hemos sido como la noche y el día, como los espejos que están formados por mitad luna mitad sol, como la sal y el azúcar, como el agua y el aceite: inmiscibles.
Me has hecho ser la más feliz y la más infeliz. A veces he tenido ganas de saciarme con cada rincón de tu piel y otras sin embargo te he repudiado hasta el más banal de los ofrecimientos.
Hemos compartido tantas cosas que sería incapaz de enumerarlas a día de hoy, pero nos quedan tantas pendientes que no sé ya quién gana a qué.
Me has buscado y me has perdido tantas veces, que me he desgastado. Me has desgastado.
Y sin embargo, a día de hoy sigo escuchando canciones que me recuerdan a ti, sigo sin ver las películas que dije que vería contigo, sigo confundiéndote con la gente en la biblioteca, sigues apareciendo en mis sueños, sigo sin querer, si no es contigo, ir a los sitios a los que prometiste que me llevarías. Sigo esperando mi atrasado regalo de cumpleaños, sigo imaginándome nuestro pequeño hijo, y sigo imaginándome cómo sería nuestra vida dentro de 15 años viviendo juntos en un gran chalé donde los niños correteen por el césped. Incluso sigo dedicándote blogs.
Y como siempre, en el lado opuesto te tenemos a ti. Viendo todas aquellas películas que dijimos de ver juntos, escuchando canciones que aunque debieran no te recuerdan a mi, yendo a donde siempre quise que vinieras conmigo, soñando con toda silueta femenina que se cruce en tu camino excepto con la que representa mi ser, comprando regalos a quien quiera que no sea yo, escribiendo de todo que nunca es para mí.
En esta relación ha habido dos polos opuestos, los mismos que un día se atrajeron, y que a día de hoy se repelen.
Me has hecho ser la más feliz y la más infeliz. A veces he tenido ganas de saciarme con cada rincón de tu piel y otras sin embargo te he repudiado hasta el más banal de los ofrecimientos.
Hemos compartido tantas cosas que sería incapaz de enumerarlas a día de hoy, pero nos quedan tantas pendientes que no sé ya quién gana a qué.
Me has buscado y me has perdido tantas veces, que me he desgastado. Me has desgastado.
Y sin embargo, a día de hoy sigo escuchando canciones que me recuerdan a ti, sigo sin ver las películas que dije que vería contigo, sigo confundiéndote con la gente en la biblioteca, sigues apareciendo en mis sueños, sigo sin querer, si no es contigo, ir a los sitios a los que prometiste que me llevarías. Sigo esperando mi atrasado regalo de cumpleaños, sigo imaginándome nuestro pequeño hijo, y sigo imaginándome cómo sería nuestra vida dentro de 15 años viviendo juntos en un gran chalé donde los niños correteen por el césped. Incluso sigo dedicándote blogs.
Y como siempre, en el lado opuesto te tenemos a ti. Viendo todas aquellas películas que dijimos de ver juntos, escuchando canciones que aunque debieran no te recuerdan a mi, yendo a donde siempre quise que vinieras conmigo, soñando con toda silueta femenina que se cruce en tu camino excepto con la que representa mi ser, comprando regalos a quien quiera que no sea yo, escribiendo de todo que nunca es para mí.
En esta relación ha habido dos polos opuestos, los mismos que un día se atrajeron, y que a día de hoy se repelen.
Puede que algún día, dentro de mucho tiempo, sea capaz de perdonarte.
domingo, 2 de enero de 2011
Trapped
No puedo negarme.
Llamémosle amor, obsesión, destino, locura. El mundo paralelo existente a ésto que precisamente yo no sé definir, y a ti no te doy oportunidad de hacerlo, puede ponerle el nombre que le convenga en cada momento según mi estado de ánimo y las esperanzas o histerias que quiera reflejar en mi persona. Sin embargo, aunque a veces trate de nombrarlo de algún modo, porque quieras que no intento poner orden en mi desordenado apartamento intentado arreglar cada desgarro, cada arañazo y cada vaso estampado, en ocasiones simplemente me basta con frenar, con perder velocidad. Paro y pienso. Y tras una profunda inspiración lo máximo que consigo es aumentar mi pocentaje de oxígeno en sangre con lo que mis células cerebrales están mejor alimentadas, por lo que funcionan mejor; contrario a este efecto tenemos el de las células cardíacas, las cuales reciben la misma cantidad de oxígeno aunque paradójicamente estén infinítamente más cerca de los pulmones que aquellas otras. Se aceleran, creando un flujo turbulento que no puede ser ocultado bajo mis pequeños pechos, denotándose así un fuerte dum-tac -corroborado con un auténtico cardiólogo- de frecuencia máxima. ¿Por qué? Já, he ahí el quid de la cuestión. Algunos lo achacan al amor, otros a la casualidad, incluso algunos valientes se atreven a culpar al bendito y curioso fuego siempre presente y duradero. Negligentes. No se trata de nada de eso. De verdad, juro que quiero ponerle nombre, pero que no sepa ponérselo no significa que tenga que ser nada de lo anterior, es más, estoy segura de que sería capaz de rechazar cualquier definición que me de cualquier ajeno a ésto solo por hacerlo un poco más especial. Me serviré de un "bah, tú no tienes ni idea" o de un simple "no, eso no es" para de un plumazo reventar cualquier resquicio de similitud que exista con cualquier otro caso parecido. No, nosotros no. Nosotros somos especiales. En este momento acaban de entrar en acción mis amigas las encapsuladas en hueso por los seis costados salvando los correspondientes orificios, me comentan que no sea estúpida, que acepte la realidad, pero en cuanto intentan hacerme entrar en razón se rebelan mis salvadoras, las que me apoyan, las que saben de lo que hablo. Y sí, ¡ésto es especial!
Adoro que me acaricies la cara con la yema de los dedos, que los deslices suavemente por cada poro de mi piel y que vengas a suplicar mi perdón sin pronunciar ni una de las letras que contiene la palabra. Me gusta que me retengas en esta cruda, dura pero deliciosa realidad cuando estoy a punto de pasar a un mundo encantadormente mejor; que cuentes con mi hombro para apoyarte siempre que lo necesites, y que aceptes favores. Pero sobre todo, lo que más me aviva la patata es el hecho de que estoy casi completamente segura de que aunque no quieras, te ocurre lo mismo. Nos damos paz, siendo lo más bonito que se puede regalar.
Me hallo en un punto sin retorno: tú me diste el ancla, yo la eché al vacío, a que se aferrara en lo más profundo.
Llamémosle amor, obsesión, destino, locura. El mundo paralelo existente a ésto que precisamente yo no sé definir, y a ti no te doy oportunidad de hacerlo, puede ponerle el nombre que le convenga en cada momento según mi estado de ánimo y las esperanzas o histerias que quiera reflejar en mi persona. Sin embargo, aunque a veces trate de nombrarlo de algún modo, porque quieras que no intento poner orden en mi desordenado apartamento intentado arreglar cada desgarro, cada arañazo y cada vaso estampado, en ocasiones simplemente me basta con frenar, con perder velocidad. Paro y pienso. Y tras una profunda inspiración lo máximo que consigo es aumentar mi pocentaje de oxígeno en sangre con lo que mis células cerebrales están mejor alimentadas, por lo que funcionan mejor; contrario a este efecto tenemos el de las células cardíacas, las cuales reciben la misma cantidad de oxígeno aunque paradójicamente estén infinítamente más cerca de los pulmones que aquellas otras. Se aceleran, creando un flujo turbulento que no puede ser ocultado bajo mis pequeños pechos, denotándose así un fuerte dum-tac -corroborado con un auténtico cardiólogo- de frecuencia máxima. ¿Por qué? Já, he ahí el quid de la cuestión. Algunos lo achacan al amor, otros a la casualidad, incluso algunos valientes se atreven a culpar al bendito y curioso fuego siempre presente y duradero. Negligentes. No se trata de nada de eso. De verdad, juro que quiero ponerle nombre, pero que no sepa ponérselo no significa que tenga que ser nada de lo anterior, es más, estoy segura de que sería capaz de rechazar cualquier definición que me de cualquier ajeno a ésto solo por hacerlo un poco más especial. Me serviré de un "bah, tú no tienes ni idea" o de un simple "no, eso no es" para de un plumazo reventar cualquier resquicio de similitud que exista con cualquier otro caso parecido. No, nosotros no. Nosotros somos especiales. En este momento acaban de entrar en acción mis amigas las encapsuladas en hueso por los seis costados salvando los correspondientes orificios, me comentan que no sea estúpida, que acepte la realidad, pero en cuanto intentan hacerme entrar en razón se rebelan mis salvadoras, las que me apoyan, las que saben de lo que hablo. Y sí, ¡ésto es especial!
Adoro que me acaricies la cara con la yema de los dedos, que los deslices suavemente por cada poro de mi piel y que vengas a suplicar mi perdón sin pronunciar ni una de las letras que contiene la palabra. Me gusta que me retengas en esta cruda, dura pero deliciosa realidad cuando estoy a punto de pasar a un mundo encantadormente mejor; que cuentes con mi hombro para apoyarte siempre que lo necesites, y que aceptes favores. Pero sobre todo, lo que más me aviva la patata es el hecho de que estoy casi completamente segura de que aunque no quieras, te ocurre lo mismo. Nos damos paz, siendo lo más bonito que se puede regalar.
Me hallo en un punto sin retorno: tú me diste el ancla, yo la eché al vacío, a que se aferrara en lo más profundo.
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